Durante años, el DAB+ se presentó como el futuro inevitable de la radio terrestre. Sus promotores prometían una mejor calidad de sonido, una oferta más amplia de emisoras y el relevo definitivo de la FM. Sin embargo, la realidad que empieza a vivirse en Suiza dista mucho de aquellas promesas.
El operador suizo SwissMediaCast, uno de los principales gestores de redes de radio digital del país, ha decidido devolver su licencia para el cantón del Tesino por una razón tan simple como contundente: el negocio ya no es rentable.
Un modelo que se ha ido desmoronando
En sus inicios, el múltiplex de SwissMediaCast parecía un éxito. De sus 18 canales disponibles, 15 estaban ocupados. Pero con el paso del tiempo la situación cambió radicalmente.
Varias emisoras abandonaron la plataforma debido a la escasa cobertura del DAB+, otras desaparecieron por problemas económicos y la radiotelevisión pública SSR SRG redujo significativamente su participación en la empresa, dejando el peso del proyecto en manos de operadores privados.
El resultado fue inevitable: el múltiplex quedó ocupado por menos de la mitad de su capacidad y dejó de ser económicamente viable. Los propios operadores reconocen que un múltiplex necesita entre seis y siete emisoras emitiendo a 72 kbit/s para poder sostenerse.
Cuando un múltiplex cierra, las radios desaparecen
Uno de los grandes problemas del DAB+ es que las emisoras dependen totalmente de la viabilidad económica del operador del múltiplex.
Si este deja de ser rentable y cesa su actividad, las emisoras pierden automáticamente su posibilidad de emitir en DAB+, aunque ellas mismas deseen continuar. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en el Tesino.
Además, las radios afectadas no han podido trasladarse al múltiplex del operador competidor Digris, ya que toda su capacidad está ocupada.
La factura de un sistema demasiado caro
A diferencia de la FM, donde una emisora puede gestionar su propia red de transmisión, el DAB+ obliga a compartir infraestructuras cuyo mantenimiento resulta costoso.
Cuando algunas radios abandonan el múltiplex, los gastos se reparten entre menos participantes. Esto obliga a las emisoras restantes a asumir mayores costes, reducir el bitrate —con la consiguiente pérdida de calidad de audio— o abandonar también la plataforma.
Se crea así un círculo vicioso del que resulta muy difícil escapar.
La euforia terminó
Los analistas del sector coinciden en que el entusiasmo inicial por la radio digital terrestre ha desaparecido.
Cada vez son menos las nuevas emisoras interesadas en incorporarse al DAB+, mientras que la caída de la publicidad, la fragmentación de las audiencias y el crecimiento del consumo de radio por Internet hacen cada vez más complicado justificar las elevadas inversiones que requiere esta tecnología.
Las cifras también cuentan otra historia
Los defensores del DAB+ suelen destacar cifras récord de «escucha digital», pero esos datos suelen mezclar la escucha por Internet con la realizada a través del DAB+, ofreciendo una imagen mucho más favorable de la realidad.
Además, se contabiliza como usuario de DAB+ a cualquier oyente que lo haya utilizado alguna vez, aunque solo disponga de un receptor compatible en el coche y continúe escuchando la FM o Internet el resto del tiempo.
Esta forma de presentar las estadísticas ha servido durante años para justificar decisiones tan controvertidas como el apagado progresivo de la FM, pese a que la implantación real del DAB+ dista mucho de ser tan sólida como se pretendía transmitir.
¿El futuro de la radio o un modelo agotado?
Cuando el DAB+ comenzó a desarrollarse hace más de 25 años, ofrecía una solución técnica a la saturación de la banda de FM. Sin embargo, el contexto tecnológico ha cambiado por completo.
Hoy el verdadero competidor ya no es la FM, sino Internet. Los teléfonos móviles, las aplicaciones, los altavoces inteligentes y el consumo bajo demanda están modificando profundamente la forma en que escuchamos la radio.
En este escenario, el DAB+ corre el riesgo de convertirse en una tecnología de transición que exige fuertes inversiones para mantener una infraestructura que cada vez interesa menos a emisoras y oyentes.
Lo ocurrido en Suiza debería servir como advertencia para el resto de Europa. Si el país que más decididamente apostó por el DAB+ comienza a encontrar serias dificultades para sostener su modelo, es legítimo preguntarse si estamos realmente ante el futuro de la radio… o simplemente ante un costoso experimento cuyos límites empiezan a quedar al descubierto.
Fuente: Radio Magazine